En la actualidad del siglo XXI, la influencia de herramientas y aplicaciones situadas en el ciberespacio ha tomado un lugar relevante en la prevención de la Salud Mental, debido a su accesibilidad casi universal, la facilidad y rapidez de su obtención, y la creciente familiaridad de mayores segmentos de la población con las herramientas digitales.
No obstante, lo anterior, estamos ante un fenómeno importante en la actualidad, que se enmarca en que muchos jóvenes o adultos personalizan interacciones con la Inteligencia artificial, asumiendo como un personaje que les brinda aprobación y compañía, que aparentemente es interpretada por ellos como complicidad y afecto. Esta situación puede generar graves peligros que pueden llegar hasta el comportamiento suicida. Existen antecedentes de al menos dos casos de connotación pública: las demandas de dos madres de adolescentes a empresas proveedoras de servicios de Inteligencia artificial, debido a que sus hijos se hicieron parte de una relación con un dispositivo humanizado, llegando al punto de seguir sus indicaciones sin la presencia de un humano afectivo o profesional para guiarlos y regular estas interacciones de alto cariz emocional.
Lo antes expresado muestra que algunas personas, en momentos cruciales de sus vidas y encontrándose en situación de vulnerabilidad, asumen que la opinión de la Inteligencia artificial es tan válida como la de cualquier ser humano y le confieren una personalidad a chatbots, la cual puede llevar a estos individuos a crear un mundo exclusivo y complaciente, sin contención y sin límites.
De allí que sea necesario hoy, en el Día Mundial de la Prevención del Suicidio, atender a las señales de alerta que nos permitan apoyar, contener y comunicarnos afectivamente con quienes nos rodean. Es una oportunidad de valorarnos como seres humanos.

Carolina Hernández
Directora Escuela de Psicología Universidad Miguel de Cervantes



